Después de las exposiciones "cossos i pròtesis" (2.000)y "vides (t)robades" (2001), dedicadas a la pintura, y "espais de trànsit" (2006) mayoritariamente de fotografia y con incursiones al dibujo sobre tela, presentamos "veus al celobert", la 4ª exposición individual en nuestra galería de la artista catalana Marta Espinach (Gelida, Barcelona, 1967) realizadas sobre sábana.
Esta exposición pudo contemplarse el pasado otoño dentro el ciclo el puente de la visión 2008 que organiza el Museo de Bellas Artes de Santander y Caja Cantabria, comissariado por el director del museo Salvador Carretero Rebés.
MARTA ESPINACH: Alientos de confidencias, espacios y tiempos de intimidad.
Salvador Carretero Rebés
La plaza de la ciudad nueva de Xián, a las nueve de la mañana, estaba ocupada por numerosos y distintos grupos dispersos dedicados al arte del tai chi: unos lo practicaban con abanicos, otros con varas o distintos instrumentos, los más con sus solas manos... entre ellos se movía, suave y discretamente, un enjuto y maduro hombre que poseía un generoso pincel de muy largo mango, con el que escribía y dibujaba de pie, yendo de aquí para allá. Lo humedecía cada poco -tenía siempre a mano un cubo con agua- y, pausadamente, escribía directamente en el suelo, de piedra lisa y pulida, de color claro, que iba iluminando y humedeciendo con su pincel. Hacía calor y mucha humedad. Sus caligrafías afloraban y se evaporaban al poco de tiempo, en suave y eterna liturgia controlada, infinitamente atemporal, silente magia que según afloraba, se volatilizaba a los escasos segundos. Él seguía escribiendo o dibujando en el suelo, con una intimidad y confidencia, que parecía estar en total soledad, y lo hacía de forma multidireccional.
La primera e inmediata impresión que me provocó la mirada de los dibujos de espinach fue de placidez y serenidad, de suavidad e intimidad, impresión que, en décimas de segundo, me llevó a los dibujos chinos que tuve oportunidad de disfrutar en el museo de Shanghai, en la tercera planta, dibujos que compartían espacios de exposición junto con obras caligráficas y sigilográficas (catálogo shanghai museum chinese painting gallery, shanghai, s/f). Como bien se sabe, el dibujo de este país posee unas connotaciones simbólicas y filosóficas de mucha enjundia. en cada uno de ellos se concentran todos los sentidos, sentires, reflexiones y pensamientos, condensando el espíritu y filosofía debida a tan longeva y sabia civilización, donde prevalece la integración del ser humano en la naturaleza, en verdadera plenitud. El dibujo es parte esencial y vital del pensamiento chino, perfectamente individualizado, íntimamente ligado a la naturaleza y al ser humano. El dibujo en china, desde siempre, posee una eterna significación, perfecta comunión del ser humano y el universo, en perpetua transformación, dotado de una formidable trascendencia social desde un compromiso individual (françois cheng: vacío y plenitud. el lenguaje de la pintura china; madrid, 2004). Curiosamente, los dibujos de espinach nos llegaron enrollados, universo atrapado sobre sí; su emocionante despliegue conllevó el milagro de desenrrollar su tiempo en silentes espacios bidimensionales de aproximadamente un metro cuadrado de tela blanca, donde se atrapaban otras espacialidades de tiempos vividos.
Ciencia y conciencia, inteligencia, es la que prevalece en toda la obra de maría blanchard, pletórica de intimismo, de intimidad, de confidencia, de paz y serenidad. En todo caso, sí se aprecia una mezcla multidireccional de suavidad y denuncia. Sus obras afloran bien pegadas a la realidad, especialmente conmovedora, intimidad doméstica y epidérmica, bien aferradas a su gran capacidad de observación y a su portentosa memoria. Deseo insistir en la formidable inteligencia de la artista santanderina que hoy enlazo con la de otra mujer, de otra generación y tiempo, pero de análogos conocimientos, cuyas experiencias preñadas de observación están íntimamente emparentadas. Incluso ambas reflexiones poseen planteamientos donde la hipoteca social prevalece sobre posicionamientos individuales. En cualquier caso, todo ser humano posee evidentemente su individualidad y una de sus parcelas descansa en la intimidad, en el territorio de lo propio, única pero comparable, preñada de pequeñas y grandes emociones.
Hoy nos interesa precisamente ese íntimo territorio de lo propio por amable sugerencia de los dibujos de la artista catalana, de los ámbitos de intimidad que a cada uno corresponde, lejos del artificio y de lo melodramático, lejos de la aparatosidad. Hoy nos interesa la historia nuestra de cada día, la cotidiana, la perteneciente a la realidad más cercana y auténtica, la materia reservada de la que todos tenemos un conocimiento y que se torna irrepetible de acuerdo a su unicidad y sanamente contrastable. Hoy nos interesa la confidencia que define y caracteriza esos muy íntimos y especiales lazos de unión, familiares o de amistad. hoy nos interesa ese interminable planteamiento humano donde las cuestiones pequeñas son fundamentales, que configuran y construyen los asuntos personales y de familia.
Los dibujos de espinach, plenos de confidencia, nos retrotraen por analogía a aquellas escenas familiares y domésticas que se abrieron paso en la pintura española de finales del siglo XIX -también de principios del siguiente siglo-, alejándose de la grandilocuencia literaria e histórica, aunque toda la historia del arte mueble está poblada de este género. También nos puede recordar esa otra pintura íntima y doméstica de los denominados artistas nórdicos y que todos conocemos bien, donde cada obra es un tratamiento de descripciones -narrativa exploradora- de una realidad cotidiana. Muchas de aquéllas pequeñas obras históricas poseen ese sosiego propio de la captación de la intimidad, evitando en general el apasionamiento romántico que pervivió en muchos pintores. Estudiosos de la pintura doméstica decimonónica han tildado a tal género y con razón el calificativo de anecdótica, interesándonos hoy aquéllos que no cayeron precisamente en ese barroquismo de un género que terminó caracterizándose en muchos casos por poseer planteamientos preciosistas y comerciales, de ambientación artificialmente dieciochesca, tan grandilocuente y artificial.
La convivencia diaria doméstica se nutre de muy diversos momentos, aparentemente insignificantes, pero todos vitales. Todo se interrelaciona, todo está conectado y pespunteado, todo es multidireccional. Es ese día a día lo que realmente importa, llegar a la noche y poder volver abrir los ojos a la mañana siguiente. Se trata de un sumando de experiencias, más maduradas o en crecimiento, que se aditan en una reflexión perpetuada, acumulándose en cada memoria, siempre abierta. Ésta se rescata, se refresca puntual o genéricamente, advirtiendo muy distintos aspectos que se concentran en la dispersión y vuelven a dispersarse en una memoria. Encuentros y desencuentros personales que van y vuelven, con o sin interlocutores como parte de esa intimidad, sumando de monólogos que no son tales. Porque, al fin y al cabo, lo que aquí parece plantearnos la artista es un desarrollo de vivencias propias que construye y deconstruye con suavidad e inteligencia. Con ternura, nos hace partícipes de cuestiones muy personales, indagaciones que encontramos muy naturales en la mayor parte de los casos, porque nos irán recordando a cada uno cuestiones poderosamente semejantes, pero diferentes, porque hay semejanza de sentimientos, no tanto igualdad.
Se trata de una indagación y reflexión personal sobre lo conocido, sobre lo cercano e inmediato, reflexión de ámbitos de intimidad, espacios de intimidad como ella misma denomina certeramente. No tanto un objetivo autobiográfico, cuanto la suave plasmación de un planteamiento personal. No busca ningún tipo de reivindicación feminista. no trata en modo alguno de contarnos o trasladarnos algo. Quizá intenta poner un punto final -sin fin- a cuestiones que desde siempre regresan a su memoria. Tiene la necesidad de replanteárselo, de volver a reflexionar sobre un montón de hechos presuntamente inconexos y multidireccionales que rescata de forma liviana. lo hace con la naturalidad propia de lo que sencillamente fluye y flota, tomando como base un proceso, desarrollo y culminación fundamentado en la sencillez y total economía de medios, con plena autonomía e independencia respecto de otras posibilidades de soporte, en lejana y relativa deuda matissiana. Continuación de una reflexión de conclusión, y que plantea desde un desarrollo de continuidad en series anteriores.
Naturalmente, la iconografía de estos dibujos están totalmente alejados del sentir chino, por cuanto el dibujo de tan ancestral civilización poco tiene que ver referente al tratamiento de interiores o similares. no obstante lo anterior, quedan pespunteados por analogía, por sus inteligentes vacíos y su plenitud, por la profunda observación de la realidad que poseen, de la realidad cotidiana, reflexión que se lleva consigo y que protege con su intimidad. Pequeñas historias que son recogidas en retales de manteles y sábanas blancas, que evocan aquéllas que la yaya tenía y usaba. por la vía del calco -siluetas o imágenes rescatadas y manipuladas-, del collage -hilos blancos o negros en infinitos arabescos, figuración construida a base de fieltros, cintas con o sin inscripciones, botones...- y del pespunte , construye cada dibujo. En ocasiones, desde un dato central se despliegan otros periféricos que se desparraman como cometas unidos con líneas, pespuntes o hilos en arabesco; otras veces funde imágenes que interconexiona, en serena y manual acción.
Los dibujos se definen por la rotunda sencillez de su propia materialidad que desarrollan una profunda reflexión del tiempo espacializado desde sus clarividentes títulos, recuerdos de las sencillas y cotidianas vivencias cuyo deseo es, por fin, dejarlas en los retales de una vez, asunción definitiva y sin aspavientos de una realidad flotante sin necesidad de construir una ficción, planteamiento de la escenografía de lo doméstico, con su aparente fragilidad, donde no existe lo oculto, donde nada se puede esconder. Espacios y tiempos de existencia, habitados; espacios imaginarios que se funden con los reales y vuelven; tiempos de existencia que se anhela poner fin. La intensidad de los tiempos acumulados en ricas y densas estratigrafías (capas de papel), basándose en el uso de mesas y sillas vacías, cuyo uso constante y diverso nos habla precisamente de sus presencias y, sobre todo, de sus ausencias. tiempos que se vuelven, si cabe, aún más intensos y descarnados ante la racionalización de la maternidad, incluida su presencia y ausencia (muñecas rusas). Tiempos efímeros y silentes, atemporales y que evocan la memoria de otros seres recordados (dormir despertar). Tiempos de habitar, generacionales en potencia y en acto, y que se perpetúan sin solución de continuidad (luz). Tiempos de sonidos ajenos y no extraños que se funden, e inundan la intimidad propia y nuevamente ajena con familiaridad y naturalidad en bucle infinito, obligadas presencias y ausencias de intimidades por persistentes (voces en el patio de luces). Tiempos, en definitiva, conocidos y extraños, poderosos y mágicos, de arraigo y no de estar (crisálida), efímero pero perdurable en la memoria hasta un punto final. Tiempos que se refrescan una y otra vez al condensarse en los mil y un objetos que guardamos como si tratáramos de atraparlos y detenerlos obcecadamente, que se dispersan como pesadas y molestas cometas que no terminan de levantar el vuelo, de desaparecer en otros tiempos y ausencias (objetos de la casa). búsqueda incansable por congelar esos tiempos y realidades, de hilarlos y concatenarlos, atarlos y conectarlos, siempre enraizados (puertas). Tiempos espaciales, de sutil movimiento detenido, y de presencias que se multiplican e identifican (uno de aquéllos sábados); tiempos de ausencias nuevamente (callándonos el resto de la historia); indiscutibles y persistentes tiempos de ausencias protagonizadas por las mariposas, livianas cometas chinescas de realidad cambiante.
Se trata en definitiva de una trans-formación necesaria que guarda tanta relación analógica con el pensamiento y la historia del dibujo chino que no eludo su referencia. Búsqueda y consecución del encuentro entre los tiempos de ayer y de hoy, como inteligente forma de escuchar, modo supremo del querer. Reflejos sobrios y mates, armónicos, que se identifican con las enigmáticas e íntimas sombras del hogar, de otros hogares, tamizados sobre la tela blanca que funcionan como ideogramas. Reflexiones dibujadas de rigurosa sencillez, espacialmente ambiguas y vacías que generan búsqueda y atención, devoción por las cosas pequeñas, reflejo de un personal misterio, de evocación de un microcosmos donde pueda obrar el macrocosmos. síntesis de la dinámica del vacío, discontinuo, reversible y recíproco sujeto-mundo objetivo, de trans-formación tiempo vivido-espacio viviente, animado por los alientos vitales, visibles y no visibles y siempre inconclusos como el gran vidrio. Filosofía en acción, como aquél hombre maduro de la plaza de xián, pensaba, escribía y dibujaba en acción, con un punto final en su conclusión, en su evaporación, en su vacío necesario para la plenitud.
SCR, 14 de Agosto de 2008.